La iglesia militante siglo XII
"No es fácil imaginar hoy lo que significaba una iglesia para la gente de aquella época. Tan sólo en algunas antiguas villas de regiones agrícolas podemos vislumbrar algo de su importancia. La iglesia era a menudo el único edificio de J piedra de los alrededores, la única estructura considerable en varios Kilómetros a A la redonda, y su campanario era un hito o señal para todos los que se acercaban desde lejos. En los domingos y durante los servicios divinos, todos los habitantes de la ciudad podían congregarse allí, y el contraste entre el elevado edificio con sus pinturas y sus tallas y las moradas humildes y primitivas en las que transcurría en las vidas de aquellas gentes debió ser abrumador. No es de extrañar que la comunidad entera se interesase en la construcción de estas iglesias y se enorgulleciera de su ornamentación. Hasta desde el punto de vista económico, la construcción de un monasterio, que exigía años, debió transformar a toda una ciudad. Extraer piedras de las canteras y transportarlas, levantar andamios adecuados, emplear artesanos ambulantes que traían consigo relatos de lejanos países, todo esto constituía un verdadero acontecimiento en días tan remotos. La edad de las tinieblas no había borrado en modo alguno de su memoria el recuerdo de las primeras iglesias, las basílicas y las formas que utilizaron los romanos en sus construcciones. La planta, generalmente, era la misma: una nave central que conducía a un ábside o coro y dos o cuatro alas laterales. A veces, este simple plano se enriquecía con cierto número de adiciones. Algunos arquitectos preferían la idea de construir iglesias en forma de cruz y, así agregaron lo que recibe el nombre de crucero entre el coro y la nave. La impresión general que producen estas iglesias normandas o románicas es, sin embargo, muy distinta de la de las antiguas basílicas. En las más primitivas de éstas se emplearon columnas clásicas que sostenían rectas cornisas. En las iglesias románicas y normandas hallamos por lo general arcos semicirculares que descansan sobre pilares macizos. La impresión de conjunto que estas, iglesias producen, tanto desde dentro como desde fuera, es de compacta, solida. Hay en ellas escasa ornamentación, incluso escasos vanos, pero sí firmes y continuas paredes y torres, que nos recuerdan las fortalezas medievales. Estos poderosos y casi retadores cúmulos de piedra erigidos por la Iglesia en tierras de campesinos y de guerreros que acababan de emanciparse de la forma de vida que habían odiado, parecen expresar la idea misma de la Iglesia militante, esto es, la idea de que aquí, sobre la tierra, la misión de la Iglesia es combatir las fuerzas oscuras hasta que la hora del triunfo suene en el día del juicio final.
Hubo un problema relacionado con la construcción de iglesias que preocupó a todos los buenos arquitectos. Fue la tarea de dar a esos impresionantes edificios de piedra el digno remate de un techo también pétreo. Los techos de madera, que habían sido los usuales en las basílicas, carecían de dignidad y habían sido peligrosos por incendiarse fácilmente. El arte romano de abovedar tan espaciosas construcciones requería gran cantidad de conocimientos técnicos y de cálculos que, en gran parte, se habían perdido. Por ello, los siglos XI y XII se convirtieron en un período de experimentos incesantes. No era asunto de poca monta cubrir todo el vano de la nave principal con una bóveda. La solución más sencilla se diría que consistía en salvar la distancia a la manera de un puente sobre un río. Se construían enormes pilares a ambos lados para sostener las vigas de esos puentes. Pero pronto se vio claro que una bóveda de esta suerte tenía que quedar firmemente unida si no se quería que se hundiese, ya que el peso de las piedras era extremadamente grande. Para soportar esos pesos enormes, las paredes y los pilares tenían que ser construidos más fuertes y macizos todavía. Se necesitaban grandes masas de piedra para esas primitivas bóvedas de túnel o de cañón. Por ello, los arquitectos normandos comenzaron a intentar otro sistema. Vieron que realmente no era necesario hacer tan pesado todo el techo, pues bastaba con tener un cierto número de sólidas vigas que cubriesen la distancia para rellenar luego los intersticios con materiales más ligeros. Se advirtió que el mejor método para proceder así era extender las vigas o nervios cruzados entre los pilares, rellenando después los intersticios triangulares resultantes. Esta idea, que prontamente revolucionaría los sistemas de edificación, puede ser seguida retrocediendo hasta la catedral normanda de Durham, aunque el arquitecto que planeó la primera bóveda con nervios para su sólido recinto interior apenas se dio cuenta de sus posibilidades técnicas.
Donde se empezaron a decorar las iglesias con esculturas fue en Francia. La palabra actual decorar es un tanto engañosa. Todo cuanto perteneciera a la Iglesia tenía su función específica y debía responder a una idea concreta relacionada con el adoctrinamiento de la fe (...) No debemos esperar que tales esculturas parezcan tan naturales, ágiles y graciosas como las obras clásicas. Son más intensas, por su maciza solemnidad. Es mucho más fácil saber de un golpe de vista qué representan, y se ajustan mucho mejor a la grandiosidad del edificio. Cada detalle, en el interior de la iglesia, era cuidadosamente estudiado en relación con su mensaje y su sentido (...) Y lo mismo que con las formas sucede con los colores. Dado que los artistas ya no se sentían obligados a estudiar e imitar las gradaciones reales de las manchas que aparecen en la naturaleza, pudieron elegir libremente cualquier color que les gustara para sus ilustraciones. El oro brillante y los luminosos azules de sus obras de orfebrería, los colores intensos de sus libros iluminados, el rojo encendido y los verdes profundos de sus vidrieras muestran que esos maestros hicieron buen uso de su independización de la naturaleza. El verse libres de la necesidad de imitar el mundo de las cosas visibles fue lo que les permitió transmitir la idea de lo sobrenatural."
E. H. Gombrich "La historia del Arte", Ed. Phaidon P. L., 1997
Iglesia de San Martín de Tours (Frómista) España, situada en el Camino de Santiago de Compostela. Mediados del siglo XI
| Fachada Oeste |
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| Planta |
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| Nave central |







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