El gusto y el valor artístico

La noción de arte está estrechamente unida a los criterios de valor: una "obra de arte" es algo excelente que supera lo que se considera  normal en un campo determinado  de la producción. Algunas cosas han mantenido su valor estético a lo largo de los siglos, lo cual puede deberse a que ciertos aspectos de la tradición cultural se han venido transmitiendo generación en generación. Por ejemplo, Rafael, que gozó de alta consideración en vida, y cuya estima no ha disminuido desde el siglo XVI hasta hoy. Puede detectarse, es cierto, algunas variantes: fue muy admirado por los críticos del siglo XVIII y XIX , y el gusto por su obra decayó bastante en los ambientes vanguardistas.
Pero sus pinturas has sido contextualizadas con rigor por los historiadores del arte del siglo XX, de modo que un fresco como "La disputa del Sacramento" (1508-1509) sigue pareciendo maravilloso pese a los cambios y ampliación de la noción de arte vividas en el siglo XX. Nuestra valoración actual reconoce los parámetros del siglo XVI, pero se enriquece también con los aportes e interpretaciones que se han sucedido desde entonces. 

Los hieráticos Cristos y Vírgenes  de la pintura románica no fueron considerados como ejemplo de valor artístico en la época de Rafael. Tampoco en los siglos siguientes pensaron que el arte medieval merecía alguna estimación. Obras como el ábside de Santa María de Tahull (hacia 1123) empezaron a ser consideradas artísticas por una doble fenómeno: por el historicismo del siglo XIX  que valora el momento histórico en que fue producido, y también el gusto por el postimpresionismo y las primeras vanguardias (fauvismo y cubismo). No es casual que Picasso admirara el arte románico. Está claro que los cambios contemporáneos en la sensibilidad y en el gusto, provocan transformaciones en las valoraciones de muchas obras del pasado.
También los nuevos movimientos artísticos modificaron la percepción de lo artístico: el pop art ('60-'70) permitió recuperar como arte aspectos de la sociedad de masas como el cómic, la publicidad o la fotografía comercial. Si observamos la obra Cajas vacías (1964) de Andy Warhol el realismo de la escultura tradicional se ha aplicado aquí a insignificantes productos de consumo popular, copiados con toda fidelidad. Una de las consecuencias de ésta operación es   que nos ha permitido una cierta valoración estética  de las despreciadas cajas de cartón, reproducidas en madera y luego serigrafiadas por el gran artista del pop art.





Texto elaborado por la docente tomando como referencia: "Historia del Arte (2)" Juan Antonio Ramírez entre otros. Ed. SM, Madrid, 2003. 
Las imágenes corresponden a las mencionadas en el texto por orden de análisis. 

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